Pero no está de más subrayar, hoy que pintan bastos, hoy que somos carne de meme, que el blanco de mi camiseta no decolora con el resultado del marcador.
O cuando de aunar fotografía y literatura se trata; dos pasiones que en mi caso caminan juntas y se atropellan con otras tantas. Para no cansarnos, todos los textos tienen ciento una palabras. Ni una más, ni una menos.
Aldonza de Guzmán, también conocida por Gambito de Dama, era el mejor jugador de ajedrez en la corte de Felipe II. Sólo jugaba bajo pago de cien excelentes, que el retador debía depositar en manos de un hombre bueno. Si como solía suceder perdía el envite, las cien monedas iban a parar a la faltriquera de Aldonza. Las contadas ocasiones que Aldonza recibía un jaque mate, el rival recuperaba sus cien excelentes y además yacía con ella llegada la noche.
Pero eso sólo sucedía, dicen los viejos cronistas, más por voluntad de Aldonza que por los méritos ajedrecísticos de su rival.
Una vez viví en Pastrana, un pueblito de la Guadalajara alcarreña donde dieron involuntariamente mis pasos como dieron los de doña Ana de Mendoza, Princesa de Ebolí. También pasó por allí nuestro nobilísimo Camilo José Cela, en aquel viaje por la alcarria que tanto emocionó.
No será necesario preguntar a la una, ni al otro, sobre la huella que tan bucólico rincón dejó en sus corazones; me atengo a la que dejó en el mío.
Los amigos que allí dejé, anuncian venir a verme a este sur del sur donde nadie llega. Y me he visto, otra vez, paseando sus calles.
Si en las entrañas de un faro colgado sobre el mar, juntas en una mañana de verano, viento y olas golpeando el acantilado, a un fotógrafo, u...